El número de personas con enfermedades mentales tiende a crecer en nuestra sociedad, no tanto por el aumento de la esquizofrenia o el trastorno bipolar —que mantienen su prevalencia a lo largo del tiempo— como por aquellas más asociadas a nuestro momento histórico como pueden ser los trastornos de ansiedad, los trastornos depresivos o la influencia del mayor consumo de drogas —la llamada patología dual—.
Sin embargo, estas patologías siguen llevando una carga negativa que hace que el enfermo sea visto como una persona impredecible, peligrosa, lo que produce rechazo y exclusión. Por ello, es fundamental que la enfermedad mental se conciba como otra cualquiera, que tiene sus medios de prevención, diagnóstico y tratamiento. "Se trata de que haya una desestigmatización en cuanto a ser aceptados en un trabajo, como amigo o como pareja", señala Jerónimo Sainz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.
No obstante, más allá del tratamiento farmacológico y de su cumplimiento terapéutico, estos pacientes necesitan un apoyo adicional, dado que suelen presentar un deterioro de su salud física derivada de la mala alimentación y el sedentarismo. Según explica Sainz, con bastante frecuencia los pacientes presentan un riesgo mayor de enfermedades cardiovasculares.
En este sentido, iniciativas como el programa "Vivir Salud-Hable-Mente", en el que han participado desde su comienzo en 2006 un total de 6.075 personas con enfermedad mental grave, contribuyen a mejorar la calidad de vida de estos pacientes incidiendo en tres áreas: la alimentación, el ejercicio físico y los cuidados de salud.
Buenos resultados
El programa, que se ha desarrollado en 314 centros de toda España con actividades en grupos impartidas por enfermeros de salud mental, psicólogos o trabajadores sociales ha dado sus frutos. Así, más del 60 por ciento de los participantes ha conseguido no aumentar de peso y un 42 han conseguido reducirlo. Más de la mitad de los participantes ha conseguido cambiar sus costumbres alimentarias, frente a un 26,5 por ciento que no lo han hecho. También ha habido resultados en la autoestima de los pacientes, aumentando la motivación del 34,6 por ciento de los participantes, mientras que el 32 ha conseguido mejorar su confianza.
Iniciativas como ésta, que ha llevado a cabo el laboratorio Lilly, son fundamentales para pacientes y familiares puesto que los recursos con los que se cuenta son limitados. "No vemos el suficiente apoyo por parte de las administraciones y los recursos son infinitamente menores que los de otras patologías", explica Patricia Quintanilla, de la Confederación Española de Agrupaciones de familiares y personas son enfermedad mental (Feafes) de Castilla y León.
"La cocina es salud"
Uno de los puntos en el que incide este programa es en la necesidad de alimentarse adecuadamente. Para ello, dentro de las actividades se contemplan compras conjuntas o incluso cursos prácticos de cocina. En uno de ellos el encargado de impartirlo a los monitores fue el chef Salvador Gallego para el que no cabe duda que "la cocina es salud". "La cocina cura, porque si elegimos unas dietas saludables podemos mejorar nuestro estado físico", explicó a BIEN el poseedor de una estrella Michelín para el que hay un "gran abanico de posibilidades" a la hora de recibir sensaciones a través de los alimentos, de la cromática de las verduras. Y es que se debe empezar disfrutando en la elaboración de un plato y luego rentabilizarlo en la salud.
Para Gallego la clave está en respetar al menos las tres comidas diarias. "Lo mejor es comer de todo pero comer con racionalidad", advierte el chef , que admite que su profesión no es un ejemplo a seguir porque son "los peor alimentados del planeta".
La musicoterapia también tiene un hueco en estos cursos. Se trata de un método terapéutico que utiliza la interacción con la música para ayudar a desarrollar relaciones y abordar cuestiones difíciles de expresar para el paciente con palabras.