El abecé de una dieta sana de verdad
Presta atención a la variedad, pero también a la cantidad en el plato
Tan importante como la variedad es un balance adecuado para que unos alimentos no desplacen a otrosCuidar la alimentación se ha convertido en un imperativo de salud en los últimos tiempos, un objetivo cumplido para muchos y una quimera para otros, pero, ¿por qué es tan importante mantener unos hábitos alimentarios saludables?
Ángeles Carbajal, profesora titular de Nutrición del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid tiene una respuesta clara: "Hay total consenso en la comunidad científica en que la elección más importante que podemos hacer para influir a largo plazo sobre nuestra salud, aparte de no fumar, aumentar la actividad física o prevenir los accidentes de tráfico, es modificar nuestra alimentación". En palabras de la especialista, actualmente tenemos suficiente información científica para asegurar que los malos hábitos alimentarios aumentan el riesgo de padecer muchas enfermedades que afectan a las poblaciones de los países desarrollados, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, obesidad, diabetes, algunos tipos de cáncer, osteoporosis, etc. Visto desde el otro lado: una dieta sana puede ayudar a prevenirlas.
Más vegetal, menos animal
Pero, ¿qué se considera una alimentación sana? La investigación en nutrición ha demostrado reiteradamente que las dietas que ayudan a mejorar y mantener un buen estado de salud son aquellas que se basan en el consumo de alimentos de origen vegetal, utilizando con moderación los de origen animal, que tienen que estar en la dieta, pues hay nutrientes que sólo se encuentran o están en mayor cantidad en estos alimentos, asegura Carbajal.
En líneas generales, se recomienda aumentar el consumo de cereales, frutas, verduras, hortalizas, frutos secos y legumbres, por su aporte de hidratos de carbono complejos, fibra, componentes antioxidantes, minerales y vitaminas. Además, hay que incluir en la dieta los lácteos, huevos, aceites vegetales como el aceite de oliva (por su aporte de ácidos grasos monoinsaturados), los pescados (por su contenido en los conocidos ácidos grasos omega 3) y moderar el consumo de carnes y de grasas de origen animal, siguiendo las indicaciones de la experta.
Es, llegados a este punto, cuando aparece la eterna referencia, la dieta mediterránea, un ejemplo, en palabras de Ángeles Carbajal, de lo que debe ser una dieta prudente y saludable que reúne muchas condiciones: no sólo es nutritiva y agradable de comer, es decir, palatable, sino que puede ayudar a prevenir buena parte de las enfermedades crónicas que padecemos.
Es importante, insiste la especialista, que la dieta sea variada, pero también ha de existir un adecuado balance entre los alimentos para que el consumo excesivo de uno no desplace o sustituya a otro también necesario. La moderación en las cantidades consumidas es otra regla de oro para la profesora de nutrición: es esencial equilibrar lo que se come con lo que se gasta mediante la realización de ejercicio físico.
En realidad, hace falta poco más que voluntad y sentido común para elegir adecuadamente. Las ventajas son casi tantas como los riesgos que plantea una alimentación desequilibrada. Carbajal asegura que son muchos a corto, medio y largo plazo, y cita algunos ejemplos. La falta de hierro provoca anemia en pocas semanas, una deficiencia frecuente e infravalorada en el mundo. La falta de calcio o de vitamina D puede causar problemas con los huesos. Si tomamos poca fibra, el estreñimiento pasará factura. Un exceso de grasas saturadas dispara el colesterol en la sangre, al igual que demasiada sal puede aumentar el riesgo de hipertensión. Y un balance desequilibrado de calorías lleva al sobrepeso y la obesidad, terreno abonado para multitud de enfermedades.
(Publicado en www.estarbien.com)